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EL NIÑO Y LA NIÑA DISLÉXICOS

Nuestro hijo o nuestra alumna puede ser una criatura alegre, brillando, inteligente y no tener aparentemente ninguna dificultad en los primeros niveles escolares. Pero, por sorpresa de padres y maestros, esta criatura, al iniciar el aprendizaje de la lectura y la escritura, empieza a parecer lenta e insegura. “No hay que preocuparse, es muy lista, ya madurará”, es el comentario más frecuente. Pero él o ella sabe que no aprende a leer como los otros compañeros y compañeras. Y día a día se tiene que enfrentar a su fracaso, a la preocupación de la familia, a la atención persistente del maestro y, no pocas veces, a ser el hazmerreír del todos cuando lo/la hacen leer ante la clase.

Nuestros hijos o alumnos se tienen que enfrentar con un sistema educativo que espera que aprendan a leer y a escribir dentro de unos plazos establecidos y con suficiente habilidad para afrontar los estudios posteriores. Cuando no lo hacen, bien pronto sienten comentarios del tipo “si quisiera, podría”, “es un gandul”, “no da por más”, o “está poco motivada”.

No tardaremos mucho a tener un niño o una niña lleno de ansiedad, que se muestra nervioso y reservado. Puede convertirse en una persona agresiva y beligerante. Puede intentar compensar sus carencias siendo divertido y convirtiéndose en el payaso de la clase para obtener el aprecio de los compañeros.

Nos hay que reflexionar muy seriamente. Leer y escribir no es una tarea fácil para nadie. Es una capacidad que vamos adquiriendo a lo largo de toda la vida. Leer es extraer el contenido de un mensaje que se presenta de forma escrita. Este acto es de gran complejidad porque intervienen un gran número de competencias, la más importante de las cuales es la capacidad de identificar las palabras escritas. Si esta capacidad está alterada, es muy difícil extraer el significado de un mensaje escrito o transmitir por escrito una idea. Este es el problema de las personas dislécxicos.

Desde casa, desde la escuela, desde la administración, tenemos que mantener un criterio de comprensión y de respeto hacia estas personas. Estos niños y estas niñas tienen derecho a una enseñanza adecuada a sus necesidades educativas